Hay calacas de patas larguísimas que bailan el “Son de la Negra” muy bien y que saben a trozos de caña. Se comen con una sonrisa de dulce alfajor. La calavera Catrina se pone diademas, encajes de oro, plata y ajuares de novia. Los novios calacas que traen las ofrendas, se casan con ella en altares de muertos. Le ofrecen de ofrenda su atole, coronas, golletes, moles poblanos y flores cempasúchitl que le son aceptables. Se queja su cuerpo esqueleto de novia de ser torturado. Consideran al novio Catrín un caníval por comerle sus dedos del pie, el pulgar, el meñique, la tibia, el femur, sus costillas, sus manos y vertebras y no admirar su atuendo. La calavera Catrina señala que sólo es venganza lo que se traen contra ella. El novio disfrazado de muerte le chupa sus huesos. Sale del público. Ella se siente atrapada en aquel hormigueo. Sonríe despistada. La gente se burla de ella. Nadie le teme. Le duele aquel trato. El novio sigue comiendo cabeza y costillas de novia con un mole poblano que creía para ella. La novia prefiere escaparse. No le gusta mirarse chupada de besos. Le parece un engaño todo eso. La vida no vale nada entre tantos sabores y frutas de dulce y abrazos que parecieran fingidos. Lo piensa, "Aquí estuvo la muerte, y murió de coquillas". No le parece. La muerte no entiende aquél alboroto; se esconde; se apena; se da en la frente de topes; llora; se pone histérica; y, luego, se ríe sin remedio. Prefiere el divorcio que estar desposada y que todos recorran la geofrafía de sus huesos y le laman su raquítico cuerpo. Ella quiere que acabe este día de Noviembre de Todos los Santos. Quiere volver a lo suyo y que la tomen en serio. No soporta esta locura de azucar y calabazote en sus huesos desnudos de caña y vainilla. Le parece un serio agravio, que no piensa pasarlo por alto. Sufre de pancreatitis aguda; odia la diabetes. Todos los Santos buscan la luz que encienda el camino para ver a los suyos aunque sea un momento. Ella no entiende. La Catrina se encuentra perdida en el mes de Noviembre. Se encienden las velas. ¡Los muertos respiran!
SIN TROMPO DE PONER Un libro que te hará reír. Paul trabaja el humor y la ironía en todos sus matices. Le escribe a las cosas, a la vida, al amor. También incluye una sección de poesía. Un libro para leer y releer.
SIN TROMPO DE PONER
La churumbela es el trompo mujer. Se presenta al duelo cohibida. Observa a su rival, el tosco y fornido pariente cercano el trompo. Él la intimida. La churumbela se mira a sí misma como si mirara un espejo. Contempla su exquisita figura sin piola. Admira el relieve de colores brillantes, sus rayas perfectas, su verde bufanda, vestido de gala y zapatilla de plata que calza. El trompo la enfrenta, no retrocede. Ella le coquetea sonriente. Le hace un pase bandera. Piensa en la pena de muerte de trompos. Se rinde. La churumbela lo besa. Él la acepta. Zapatean el "Son de la Negra". Ella no quiere saber de castigos ni torturas de trompos ni menos de guerras. La churumbela lo vuelve a besar y lo ama. Él corresponde. Se quita el zarape. Odian los juegos de trompos. A él también le parecen absurdos. Siguen bailando. Acercan sus cuerpos de pino. Se dan otro beso. Sonríen. Brincan la cuerda. Salen del círculo. Desaparecen felices los dos en un mundo infinito.
Saturday, October 8, 2011
ALEGRIA DE TODOS LOS SANTOS
Hay calacas de patas larguísimas que bailan el “Son de la Negra” muy bien y que saben a trozos de caña. Se comen con una sonrisa de dulce alfajor. La calavera Catrina se pone diademas, encajes de oro, plata y ajuares de novia. Los novios calacas que traen las ofrendas, se casan con ella en altares de muertos. Le ofrecen de ofrenda su atole, coronas, golletes, moles poblanos y flores cempasúchitl que le son aceptables. Se queja su cuerpo esqueleto de novia de ser torturado. Consideran al novio Catrín un caníval por comerle sus dedos del pie, el pulgar, el meñique, la tibia, el femur, sus costillas, sus manos y vertebras y no admirar su atuendo. La calavera Catrina señala que sólo es venganza lo que se traen contra ella. El novio disfrazado de muerte le chupa sus huesos. Sale del público. Ella se siente atrapada en aquel hormigueo. Sonríe despistada. La gente se burla de ella. Nadie le teme. Le duele aquel trato. El novio sigue comiendo cabeza y costillas de novia con un mole poblano que creía para ella. La novia prefiere escaparse. No le gusta mirarse chupada de besos. Le parece un engaño todo eso. La vida no vale nada entre tantos sabores y frutas de dulce y abrazos que parecieran fingidos. Lo piensa, "Aquí estuvo la muerte, y murió de coquillas". No le parece. La muerte no entiende aquél alboroto; se esconde; se apena; se da en la frente de topes; llora; se pone histérica; y, luego, se ríe sin remedio. Prefiere el divorcio que estar desposada y que todos recorran la geofrafía de sus huesos y le laman su raquítico cuerpo. Ella quiere que acabe este día de Noviembre de Todos los Santos. Quiere volver a lo suyo y que la tomen en serio. No soporta esta locura de azucar y calabazote en sus huesos desnudos de caña y vainilla. Le parece un serio agravio, que no piensa pasarlo por alto. Sufre de pancreatitis aguda; odia la diabetes. Todos los Santos buscan la luz que encienda el camino para ver a los suyos aunque sea un momento. Ella no entiende. La Catrina se encuentra perdida en el mes de Noviembre. Se encienden las velas. ¡Los muertos respiran!
Thursday, October 6, 2011
SOBRE EL MOVER MONTAÑAS
Paul Paniagua
Sin Trompo de Poner
Copyright 2011
Monday, October 3, 2011
TE CANTARÉ EN FENICIO
entre fenicios, garabatear
mis propios poemas en la red; nadar


