UN LIBRO PARA DISFRUTAR

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"Los escritos de Paul Paniagua subliman el espíritu, conquistan la alegría, y nos hacen ver la vida con humor y optimismo... Desde el título, Paul Paniagua nos penetra en un espacio lúdico, inspirado en los juegos de trompos. Para el autor, el texto es una métafora de la vida.Es un libro original que atrapa al lector por medio de situaciones comunes e inesperadas que ocurren en la vida diaria de las personas. En Sin Trompo de Poner vemos situaciones de la vida diaria donde cualquier elemento o circunstancia es excusa para reflexiones preñadas de humor e ironía. Estos textos hiperbreves no se pueden leer con el ceño fruncido, sino una una amplia sonrisa. Los Textos del maestro Paniagua indagan lo más simple de la humanidad, descubriendo misterios y mirando la vida con una óptica diferente...El espacio de Sin Trompo de Poner contiene un buffet preparado y sazonado con mucha creatividad, que como receptores no podemos perdernos de estos potajes literarios." Dra. Mara L. García BYU

"Mis textos descubren el misterio de la vida, las cosas, y aún hasta en una toalla vieja o inodoro cualquiera, se desenmascara la ocasión de reír y llorar. Espero que mis textos enseñen a enfrentar la vida sin miedo; no hay razón para no ser feliz en ella. No hay excusa para no serlo ni trompo de poner alguno que tenga que pagar por nuestras culpas". Paul Jr Paniagua

SIN TROMPO DE PONER

La churumbela es el trompo mujer. Se presenta al duelo cohibida. Observa a su rival, el tosco y fornido pariente cercano el trompo. Él la intimida. La churumbela se mira a sí misma como si mirara un espejo. Contempla su exquisita figura sin piola. Admira el relieve de colores brillantes, sus rayas perfectas, su verde bufanda, vestido de gala y zapatilla de plata que calza. El trompo la enfrenta, no retrocede. Ella le coquetea sonriente. Le hace un pase bandera. Piensa en la pena de muerte de trompos. Se rinde. La churumbela lo besa. Él la acepta. Zapatean el "Son de la Negra". Ella no quiere saber de castigos ni torturas de trompos ni menos de guerras. La churumbela lo vuelve a besar y lo ama. Él corresponde. Se quita el zarape. Odian los juegos de trompos. A él también le parecen absurdos. Siguen bailando. Acercan sus cuerpos de pino. Se dan otro beso. Sonríen. Brincan la cuerda. Salen del círculo. Desaparecen felices los dos en un mundo infinito.


Sunday, January 15, 2012

Y ESTA LLOVIENDO



            en memoria del maestro Gonzalo  Rojas
                                                                      

Yo sé que lloras cuando mi ausencia me delata, 
aunque lo escondan tus tiernos ojos negros y no aparente.
Me voy, y no quiero irme de tu lado. 
Bullicio de los trenes que me llevan, 
vientre de las rocas de la minas de carbón y van marchando . . . . 
Son ellas las ruedas que se sienten en el pecho, 
ya las oigo cercenarse sobre rieles en mis sienes.

Extraigo el carbón desde lo oscuro de la tierra. 
No quiero ir, quiero que me pidas que me quede, 
quiero escucharte decirlo de tu boca. 
Soy yo, no quiero irme de tu lado. 
Soy yo, el que se va y, ¡está lloviendo!

Veo un relámpago brillar desde estas gotas 
que se escurren por el rostro, 
allá en lo agreste, 
pero no quiero ir hoy a las minas del Arcángel. 
Allí está él esta mañana.
Allí me espera.

Hilda, él fue minero y tú lo sabes. 
¿No te parece pensar que en la gama de sabores 
el rencor es más amargo que el mismo olvido? 
Soy yo y yo ya salgo. 
Soy yo tu esposo, Gonzalo Rojas. 
Y está lloviendo . . .

Hacia el fondo de tu vista, el día ya expira, 
sigue lloviendo a torrenciales, 
y se desploman las montañas en los suelos. 
El relámpago no cesa de cimbrar la tierra misma. 
Ya viene. Se enciende el suelo. 
Aquél me llama. Es él mi padre que me espera.

Papá, no te vayas, quédate aquí, aún hay tiempo. 
Tengo una almohada para que recuestes tu cabeza 
y acaricie yo tu rostro y yo te bese.

Papá, esta es tu sábana; 
esta es tu cama que compartes con mi madre.

Esta es tu casa, y está lloviendo . . . 
Papá, mírame a mis ojos otra vez. 
Aún hay tiempo. No hay mas exilios.

Yo sé que está lloviendo, 
aún hay trozos de pan sobre la mesa. 
--Madre, no abras el portón de allá de afuera . . . está lloviendo . . . 
--Madre, ya no lo veo. 
¿Qué será ahora de esta tierra sin sus versos?
!Papá, papá, está lloviendo!!!!!!

Paul Paniagua
Sin Trompo de Poner
Copyright 2011

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